Amelia es una adolescente de 16 años de edad, que fue traída a consulta por su madre de profesión enfermera, porque supuestamente tenía problemas de identidad sexual. Después de algunas sesiones, llegamos a la conclusión de que en realidad se trataba de un Trastorno Obsesivo Compulsivo. Amelia le habia dicho a su madre que le atraían sexualmente las mujeres, pero no le había dicho que este pensamiento le atormentaba manana, tarde y noche, y que no podia estar tranquila en ningun lugar. Si estaba en la casa se imaginaba que tocaba a su hermanita de 08 años, si salía a la calle evitaba mirar a las mujeres y desde hacía tres meses había dejado de ir a misa porque le habían venido imagenes pecaminosas con la Virgen María.
Iniciamos el tratamiento farmacológico y a la tercera semana, Amelia había mejorado en un noventa por ciento y al tercer mes todos los sintomas habían remitido, y como parte del tratamiento integral habiamos citado en varias oportunidades a la familia, y el padre, Jorge Bladimir, había dado varias excusas para no asistir.
Primero decía que su hija no tenía nada y que si la seguían trayendo al psiquiatra, se iba a volver loca de verdad. Luego, que estaba haciendo los trámites para jubilarse de la Policia Nacional, después, que había conseguido un trabajo particular como Jefe de Seguridad de una Empresa Importante. Como en el Hospital contamos con Asistenta Social, le solicitamos que realizara una Visita Domiciliaria y le dejara una cita oficial con fecha y hora.
La primera vez que acudió a la cita nos reclamó que porqué habiamos ido a su casa, que solamente había venido para evitar que fuéramos a su trabajo que tanto le había costado conseguir. Que pensaba que su esposa nos había hablado mal de él, que tanto se habia sacrificado por su familia. “No por nada me ascendieron y me condecoraron en el Servicio de Inteligencia, Yo soy una persona ejemplar y no confío en nadie. Ni a mi mujer le he contado lo que hacía en mi trabajo, en el fondo siempre he desconfiado de ella, cualquier cosa que le dijera lo podría haber utilizado en mi contra. En realidad no se puede confiar en nadie. Una vez, solamente una sola vez, en tragos, le confié un secreto a un compañero de trabajo, y al día siguiente todo el mundo en la oficina ya lo sabía, pero le puse su cruz, nunca mas le hablé y no paré hasta descubrir que era un soplón y yo mismo me encargué de que lo expulsaran de la Institución, de esto hace ya como treinta años y, aunque es mi vecino, ni le hablo ni le miro.
Le explico sobre el Trastorno Obsesivo Compusivo que padece Amelia y en forma suspicaz me pregunta: ¨¿Está seguro doctor? porque yo la veo bien, se está preparando para la Universidad y la veo tranquila, ¿no será que su mamá la estará enfermando?¨
Le explico que ya lleva 3 meses de tratamiento farmacológico y que actualmente los síntomas han remitido por completo.
¿Estás segura hijita? ¿No habrán sido imaginaciones tuyas? ¿No te habrán hecho brujería?
Ese día Jorge Bladimir dijo que no estaba de acuerdo con el tratamiento de su hija y que seguramente las pastillas la iban a volver adicta.
Después de un mes sin medicación, Amelia regresó por Emergencia por intento suicida: no podía soportar las imágenes que se le venían a la mente. Y esta vez vino con su padre que seguía suspicaz.
Tuvimos una etapa muy difícil durante las Terapias Grupales de Padres, pero por lo menos Jorge Bladimir aceptó que Amelia continuara con su tratamiento, esta vez por mayor tiempo, ya que había descontinuadodo la medicación.
Agradezco la intervención de los demás padres que me ayudaron a que Jorge Bladimir tomara conciencia de la gravedad de la situación de Amelia, aunque no se diera cuenta de la suya. Lo importante es que Amelia ya se encuentra recuperada y tiene muchos planes para su futuro.
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