Marilinda es una
adolescente de 16 años que sufre de anorexia nerviosa y se encuentra
actualmente en tratamiento. Cuando conocí a su padre, de 48 años, recordé la
historia griega de Narciso, en cuya mitología, Narciso desprecia a cuanta
doncella se enamoraba de él. Eco, que era una ninfa que había sido condenada a
repetir las últimas palabras de aquello que se le dijera, se enamoró de Narciso
y cuando éste la despreció, ella, triste y desolada, se ocultó en una cueva y
allí se fue consumiendo hasta quedar solamente su voz. Némesis, la diosa de la
venganza hizo que Narciso se enamorara perdidamente de su imagen reflejada en
una fuente, incapaz de dejar de contemplarse, acabó arrojándose a las aguas y
murió ahogado. Dicen que de allí creció una hermosa flor que en honor a su
memoria, lleva su nombre.
Y no era que el padre
de Marilinda fuera hermoso, sino que llamaba poderosamente la atención su forma
de comportarse.
Desde el primer día
me dijo que, “como somos colegas, yo ya he estado tratando a mi hija por mi
parte, que aunque tengo la especialidad de cirugía general, siempre me ha
interesado la psiquiatría y muchas veces hasta corregía a los profesores de esos
cursos. Además lo de mi hijita es una cosita muy leve, y ya está mucho mejor,
solamente la he traído acá, no porque yo mismo no pueda curarla, sino que su
madre dice que mejor es que la vea un psiquiatra en forma oficial. Yo me he
leído la obra completa de Freud, ¿sabía usted que Freud le tenía fobia a los
helechos, que prescribía y consumía cocaína, que debido al dolor que le
producía el cáncer en la boca le pidió a su médico personal que le administrara
una inyección de morfina y que fue esto lo que lo mató en 1939? Para que sepa
usted coleguita que está conversando con uno de los mejores cirujanos de mi
hospital, y como usted sabe, o debe recordar lo que nos decían los maestros
antiguos: aquel que solamente medicina sabe, ni medicina sabe. Es por eso que
también me gustaba leer mucho de psiquiatría. Yo no soy el jefe en mi hospital
porque no quiero, ya que ostento los mejores pergaminos de todos mis colegas. Lo
que pasa es que yo no quiero tantas responsabilidades. Solamente para que usted
lo sepa, yo domino cinco idiomas, hablo y leo en francés, inglés, alemán, italiano
y por supuesto el español. Y le vuelvo a repetir que no he venido a este
hospital porque yo lo haya decidido, más bien me hubiera gustado, y creo que
sería lo mejor para mi hijita, que la hubiéramos llevado a una clínica
particular, pero su madre que es una terca, me obligó a venir para acá. A mí no
me gusta esperar, así que le pido, doctor, que para la próxima, así lleguemos
tarde, nos haga pasar primero, porque usted sabe doctor, nosotros somos
colegas, y yo tengo muchas cosas importantes para hacer y los médicos no
podemos estar esperando como los demás pacientes”.
Desde la primera
sesión pude apreciar que el padre de Marilinda cumplía con todos los criterios
diagnósticos de la clasificación de trastornos mentales DSM IV, para el
Trastorno Narcisista de la Personalidad:
Un patrón general (en
la imaginación o en el comportamiento), una necesidad de admiración y una falta
de empatía, que empieza al principio de la edad adulta y que se da en diversos
contextos, tal como lo indican cinco (o más) de los siguientes ítems:
1.- Un sentido
grandioso de la propia importancia.
2.-Preocupación por
fantasías de éxito, poder, brillo, belleza o amor ideal ilimitados.
3.- Cree que es
especial y único y que solo pueden comprenderle, o sólo debería relacionarse
con otras personas (o instituciones) especiales o de elevado estatus.
4.- Exige una
admiración excesiva.
5.- Tiene una
sensación de “estar en su derecho”, es decir, expectativas poco razonables de
recibir un trato especial o la anuencia automática con sus expectativas.
6.- Tiende a la
explotación interpersonal, es decir, saca provecho de los demás para lograr sus
propios objetivos.
7.- Carece de
empatía, es decir, es incapaz de reconocer o identificarse con los sentimientos
y las necesidades de otras personas.
8.- A menudo tiene
envidia de los demás o cree que los demás le tienen envidia.
9.- Presenta
actitudes o conductas arrogantes o soberbias.
Desde el primer
momento le dije que estábamos en un hospital nacional y que todos los pacientes
tienen los mismos derechos y que no por ser colegas iba a permitir que pasara a
consulta antes de los que habían llegado más temprano. Y lo mejor fue que
cuando acudió a Psicoterapia de grupo, los demás padres y madres, le dijeron,
de la mejor forma, todo lo que pensaban de él.
Lo más importante es
que Marilinda, pese a todo, sigue mejorando.
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