Buscar este blog

martes, 15 de octubre de 2013

Trastorno Narcisista de la Personalidad

Marilinda es una adolescente de 16 años que sufre de anorexia nerviosa y se encuentra actualmente en tratamiento. Cuando conocí a su padre, de 48 años, recordé la historia griega de Narciso, en cuya mitología, Narciso desprecia a cuanta doncella se enamoraba de él. Eco, que era una ninfa que había sido condenada a repetir las últimas palabras de aquello que se le dijera, se enamoró de Narciso y cuando éste la despreció, ella, triste y desolada, se ocultó en una cueva y allí se fue consumiendo hasta quedar solamente su voz. Némesis, la diosa de la venganza hizo que Narciso se enamorara perdidamente de su imagen reflejada en una fuente, incapaz de dejar de contemplarse, acabó arrojándose a las aguas y murió ahogado. Dicen que de allí creció una hermosa flor que en honor a su memoria, lleva su nombre.
Y no era que el padre de Marilinda fuera hermoso, sino que llamaba poderosamente la atención su forma de comportarse.
Desde el primer día me dijo que, “como somos colegas, yo ya he estado tratando a mi hija por mi parte, que aunque tengo la especialidad de cirugía general, siempre me ha interesado la psiquiatría y muchas veces hasta corregía a los profesores de esos cursos. Además lo de mi hijita es una cosita muy leve, y ya está mucho mejor, solamente la he traído acá, no porque yo mismo no pueda curarla, sino que su madre dice que mejor es que la vea un psiquiatra en forma oficial. Yo me he leído la obra completa de Freud, ¿sabía usted que Freud le tenía fobia a los helechos, que prescribía y consumía cocaína, que debido al dolor que le producía el cáncer en la boca le pidió a su médico personal que le administrara una inyección de morfina y que fue esto lo que lo mató en 1939? Para que sepa usted coleguita que está conversando con uno de los mejores cirujanos de mi hospital, y como usted sabe, o debe recordar lo que nos decían los maestros antiguos: aquel que solamente medicina sabe, ni medicina sabe. Es por eso que también me gustaba leer mucho de psiquiatría. Yo no soy el jefe en mi hospital porque no quiero, ya que ostento los mejores pergaminos de todos mis colegas. Lo que pasa es que yo no quiero tantas responsabilidades. Solamente para que usted lo sepa, yo domino cinco idiomas, hablo y leo en francés, inglés, alemán, italiano y por supuesto el español. Y le vuelvo a repetir que no he venido a este hospital porque yo lo haya decidido, más bien me hubiera gustado, y creo que sería lo mejor para mi hijita, que la hubiéramos llevado a una clínica particular, pero su madre que es una terca, me obligó a venir para acá. A mí no me gusta esperar, así que le pido, doctor, que para la próxima, así lleguemos tarde, nos haga pasar primero, porque usted sabe doctor, nosotros somos colegas, y yo tengo muchas cosas importantes para hacer y los médicos no podemos estar esperando como los demás pacientes”.
Desde la primera sesión pude apreciar que el padre de Marilinda cumplía con todos los criterios diagnósticos de la clasificación de trastornos mentales DSM IV, para el Trastorno Narcisista de la Personalidad:
Un patrón general (en la imaginación o en el comportamiento), una necesidad de admiración y una falta de empatía, que empieza al principio de la edad adulta y que se da en diversos contextos, tal como lo indican cinco (o más) de los siguientes ítems:
1.- Un sentido grandioso de la propia importancia.
2.-Preocupación por fantasías de éxito, poder, brillo, belleza o amor ideal ilimitados.
3.- Cree que es especial y único y que solo pueden comprenderle, o sólo debería relacionarse con otras personas (o instituciones) especiales o de elevado estatus.
4.- Exige una admiración excesiva.
5.- Tiene una sensación de “estar en su derecho”, es decir, expectativas poco razonables de recibir un trato especial o la anuencia automática con sus expectativas.
6.- Tiende a la explotación interpersonal, es decir, saca provecho de los demás para lograr sus propios objetivos.
7.- Carece de empatía, es decir, es incapaz de reconocer o identificarse con los sentimientos y las necesidades de otras personas.
8.- A menudo tiene envidia de los demás o cree que los demás le tienen envidia.
9.- Presenta actitudes o conductas arrogantes o soberbias.
Desde el primer momento le dije que estábamos en un hospital nacional y que todos los pacientes tienen los mismos derechos y que no por ser colegas iba a permitir que pasara a consulta antes de los que habían llegado más temprano. Y lo mejor fue que cuando acudió a Psicoterapia de grupo, los demás padres y madres, le dijeron, de la mejor forma, todo lo que pensaban de él.

Lo más importante es que Marilinda, pese a todo, sigue mejorando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario