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martes, 15 de octubre de 2013

Trastorno Límite de la Personalidad

Sussana es una madre joven de 22 años que acude con su menor hijo de 3 años mencionando que el niño no controla esfínteres y que es muy “malcriado”. Después de realizar la Historia Clínica del menor llego a la conclusión de que es la madre la que necesita ayuda. Entonces es que la derivo a Psiquiatría de adultos.
Sussana es hija de padres separados que en su temprana infancia sufrió violencia familiar, de parte del padre alcohólico y de la madre que en cierta forma se vengaba en ella, de todo lo que le padre “la hacía sufrir”. Y Sussana, para lograr las cosas había aprendido a hacer berrinches y algunas veces hasta a desmayarse. Creció odiando a ambos padres y a ella misma. Sus relaciones sentimentales con sus enamorados eran muy cortas y generalmente terminaban porque no le cumplían sus caprichos. Muchas veces los chantajeaba diciendo que se iba a matar, se cortaba los brazos, tomaba veneno o quería tirarse del puente, pero antes de hacerlo avisaba a todos sus familiares. Tres veces fue hospitalizada por ingerir medicamentos ansiolíticos que tomaba la madre. Todas estas veces fue tras haber tenido alguna discusión con sus enamorados.
Cuando conoció a Martín, el padre de su hijo, pensó que era el hombre de sus sueños y se enamoró perdidamente de él. La primera vez él se mostró cariñoso y tierno y se embriagaron de amor. Y así estuvieron enamorados como tres semanas, que vivieron intensamente entre escenas de celos, escándalos y reclamos. Sussana se llegó a cortar los antebrazos cuando vio un mensaje de amor de otra chica en el celular de Martín. Él negó todo y regresaron como enamorados.
Cuando se dio cuenta que no le venía la regla, se realizó un examen para descartar gestación y resultó que estaba embarazada. Ella fue feliz a comunicarle a Martín, y ante un primer momento, Martín lo negó y al final le propuso abortarlo. Entonces ella montó en cólera, empezó a gritar desesperada y golpeó a Martín en la cabeza con una botella. Desde ese tiempo ya no lo ve y está realizando un juicio para reconocimiento de paternidad. Ella vive con la madre y con su hermano mayor. Desde que dio a luz, ha moderado un poco su impulsividad, aunque todavía está muy agresiva con su hijo. Al comienzo le agradaba darle de lactar, pero después se mandó a colocar una ampolla para cortar la secreción láctea, porque decía que le hacía doler las mamas cuando el niño lactaba, que no la dejaba dormir lo suficiente y que se pasaba las noches en blanco por culpa del menor. A los tres meses consiguió un trabajo parcial de 6 horas, pero a propósito empezó a quedarse mayor tiempo en el trabajo, salía temprano de su casa y llegaba tarde para evitar cuidar de su hijo. Al comienzo la abuela cuidaba del nieto, pero cuando empezó a reclamarle que casi ni lo cuidaba, Sussana empezaba a gritar y a hacer escándalos en la casa. Entonces, la abuela, para evitar estos arrebatos de ira, tendía a quedarse callada.
El niño prácticamente fue criado por la abuela, controló esfínteres a los dos años, pero como la madre seguía teniendo decepciones amorosas, problemas en el trabajo, apenas el niño lloraba, lo gritaba e insultaba, aun cuando la abuela lo defendía. El niño empezó a despertarse de madrugada llorando muy asustado, volvió a orinarse y empezó a tartamudear. Prefería dormir en el dormitorio de la abuela.
Un día en que la encontraron tranquila, el hermano y la madre hablaron con Sussana y hasta solicitaron la cita con psiquiatría para el niño, a la cual accedió. Durante la consulta, después de narrar todo lo que le pasaba al niño y a ella, admitió que no amaba a su hijo, que se parecía mucho al padre del niño y que no podía soportar el recuerdo de aquel que la abandonó. Dijo que quería dar en adopción al menor.
La madre de Sussana, que había cambiado de religión, ahora es Testigo de Jehová, y dice que no puede concebir la idea de que una madre no pueda amar a su hijo y que lo quiera regalar. “Algo le está pasando a mi hijita, llega muy tarde a la casa, la llaman muchos chicos diciendo que son sus enamorados y llega mareada a la casa”.

Les explico a Sussana, a su madre y a su hermano, sobre el diagnóstico y sobre la necesidad de que Sussana sea vista y tratada por un psiquiatra de adultos. Me quedo con la esperanza de que mejorará su salud integral.

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