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martes, 22 de octubre de 2013

Trastorno Ansioso (con conducta de evitación) de la Personalidad

Últimamente por alguna razón que desconozco, acuden pocos pacientes a la consulta. Probablemente por la larga espera en las citas del hospital o por los viajes primaverales de promoción.
Hace pocos días, salí a llamar varias veces y aparentemente no había ningún paciente para mí. Un joven, que estaba sentado en las sillas de la sala de espera, de vez en cuando me miraba cuando salía a llamar.
Hasta que después de una hora, se acercó tímidamente y me preguntó si yo lo había llamado. Verifiqué y le dije que lo había llamado tres veces y cómo fue que no me escuchó.
En realidad sí lo escuché, me dice posteriormente David, un joven de 17 años, próximo a cumplir 18. Pero ese es mi problema, que tengo mucho temor a enfrentarme con las personas adultas, hoy he venido solo, no le he querido decir ni a mi mamá ni a mi papá que me acompañen, tengo mucha vergüenza.
Mientras me contaba lo que le sucedía, recordaba a los personajes de los cuentos “Mi corbata”, de Manuel Beingolea y “Color modesto”, de Julio Ramón Ribeyro. No los recuerdo bien, pero ambos personajes tenían dificultades para realizar relaciones sociales con sus pares.
David decía, en cualquier situación, ya sea en el colegio o en su barrio, él se sentía inferior a los demás, que a pesar de tener el primer puesto de su promoción, se sentía un fracasado, no tenía enamorada, no sabía bailar ni destacaba en los deportes. En cierta medida envidiaba a los muchachos populares del salón. Cuando quería salir a exponer, lo pensaba muchas veces y si por él fuera no hubiera salido nunca al frente de la pizarra. A veces cuando tenía que sostener una posición durante el desarrollo de las clases, aún ahora que ya ingresó a la Universidad, le asaltaba el pensamiento de que su posición no tenía tanto valor como la de los demás. Y si alguien lo contradecía, resultaba dándole la razón y desistía de seguir sosteniendo su idea, llegando muchas veces a cambiarla aun cuando en el fondo supiera que la suya era la correcta.
Generalmente no asiste a las reuniones que organizan sus compañeros de estudios y si alguna vez lo hace, se queda en un rincón, sin animarse a sacar a bailar a ninguna amiga, y peor si es que la chica es desconocida. Cuando alguna vez, instigado por los amigos a que saliera a bailar, se ha visto forzado a hacerlo, mientras estaba tratando de bailar, lo asaltaba la idea de que no lo estaba haciendo bien y que seguramente pronto se burlarían de su baile. Aunque los compañeros no prestaban atención a sus pasos, a veces se tomaba tan en serio sus pensamientos de inferioridad, que en realidad de verdad se le entreveraban las piernas y resultaba cayéndose al piso, con pareja y todo.
Es por eso que vengo, para que usted me ayude. No soporto esta situación, me pongo muy nervioso ante los demás, me sudan las manos, se me acelera el corazón, siento como si mis oídos me palpitaran. Cuando voy a una reunión y alguien toma la palabra yo miro hacia la puerta para ver si puedo retirarme porque al toque pienso que de un momento a otro se va a producir el hecho de que pidan hablar a todas las personas, y que cuando me toque a mi voy a hacer el ridículo.
El martes pasado fue invitado al grupo de terapia de jóvenes y cuando cada uno iba diciendo el motivo por el cual estaban en terapia, yo lo miraba que estaba tranquilo. Cuando llegó su turno le realicé varias preguntas y pudo expresar ante sus doce compañeros que él estaba allí porque tenía miedo de hablar ante extraños, que le era muy difícil y hasta podía ponerse a tartamudear ante todo el auditorio y poco a poco estuvo como treinta minutos expresando de la manera más natural lo que pensaba y lo que sentía. Muchos se sintieron identificados con lo que le pasaba a David. Entonces, cuando terminamos le hice notar que había hablado sin tartamudear ni sentirse nervioso durante 30 minutos ante doce personas completamente extrañas. “Es que ellos también son pacientes”, alcanzó a decir, pero después calló y, con una sonrisa, comprendió que había empezado el proceso de su recuperación.

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