Una pareja de esposos acude a consulta porque sus tres hijos varones, de 11, 9 y de 7 años de edad, aún continúan orinándose en las noches, a diferencia de la hermana mayor, de 13 años, quien nunca presentó esta dificultad.
Los padres son de origen piurano y ya han utilizado todos los métodos caseros que se pregonan en este tipo de casos: les han amenazado, les han gritado, les han pegado, les han sentado sobre ladrillos calientes, los han frotado con orina, y los han frotado con kerosene y los han forrado con periódicos, pero nada.
Pareciera que ya hubieran adoptado un modelo de vida: todos los colchones de los varones utilizan plásticos, la ropa de cama y las pijamas, aún cuando las asolean, ventilan y lavan con frecuencia, despiden olor a orina que impregna toda la casa, aunque pareciera que los dueños de la casa ya se hubieran acostumbrado a ese berrinche.
Y pienso que así hubieran seguido, si es que el menor de 7 años, no hubiera realizado lo que hizo. En el colegio ya lo conocen como el meón, lo fastidiaban porque su uniforme olía a pichi, y todos aquellos que habían visitado su casa decían que toda su casa olía a berrinche. Una de las veces la madre lo sorprendió que el niño dormía con una bolsa de plástico, pero lo que permitió que acudieran a consulta, fue, que el niño había tomado una madeja de hilo y se lo había envuelto alrededor del pene. La madre refirió que le vino una especia de pálpito, de que algo andaba mal con su hijo y fue a verificar que estuviera durmiendo, y algo hizo que verificara que estuviera seco. Allí fue cuando vio que el pene del niño estaba hinchado y morado. Lo llevó a Emergencia, donde dice que le dijeron que lo había traído a tiempo, que si hubiera demorado un poco más y habrían que amputarle el pene porque se estaba necrosando. La madre le contó al médico lo de los otros dos niños y los tres fueron derivados a psiquiatría.
Al realizar la Historia Clínica, nos enteramos que el padre había sufrido enuresis nocturna hasta los 16 años, en que, por razones fortuitas, tuvo la necesidad de viajar a Lima y fue hospedado en la casa de un exportador de cerámica de Chulucanas. Esa noche tenía miedo dormir y quedar mal. Ya de madrugada se quedó dormido y al despertarse se vio en apuros para planchar las sábanas y el colchón y se fue sin despedirse del dueño de casa. Poco tiempo después se acompañaría con la que hoy es madre de sus cuatro hijos y con ella nunca ocurrió que se orinara en la cama, aunque recordaba que en las primeras noches tenía sueños en los que se orinaba en la cama.
Cuenta también que sus padres lo corrigieron usando muchos métodos coercitivos sin ningún resultado. Dice que también utilizaron el “secreto de las cenizas”, que es muy conocido entre las madres de Chulucanas. Ellas toman un poco de ceniza dela cocina de leña, lo envuelven en un papel y le dicen al churre que se lo lleve a la comadre. El niño cruza todo el pueblo y al llegar donde la madrina, ésta desenrolla el papel y al ver las cenizas, le pide al mismo niño que le traiga las ramas más gruesas de algún arbusto cercano y de repente y sin ningún aviso le empieza a latiguear y a reclamarle que porqué se orina en la cama siendo tan grandazo. El niño desconocía cómo es que la madrina se había enterado. Dice que ni este secreto lo curó.
Los tres niños ya han venido con varios exámenes que han excluido cualquier otra causa de origen orgánico. Y por lo tanto solamente han quedado las causas psicológicas y familiares.
Se le dio recomendaciones a los padres de que vigilaran la ingesta de líquidos de los niños durante todo el día, disminuyéndolos en las tardes y noches. Todos los días, antes de acostarse deberían orinar sin olvidarse ninguna vez. Además todos los niños llevaron una especie de control donde marcaban con una aspa roja los días que se orinaban. Se estableció una especie de competencia entre los tres, resultando ganador el menor.
Tres meses después, con las recomendaciones, las psicoterapias de familia, y con la ayuda de medicación no han vuelto a orinarse y están realizando sus labores con normalidad.
Los padres siguen recibiendo sesiones en la Escuela de Padres.
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