Este
segundo domingo de mayo, en que en todo el Perú se celebró el Día de la Madre,
he tenido varias satisfacciones, la mayor de ellas fue reconocer a un joven que
hace aproximadamente nueve años se enteró de que era un hijo adoptado.
“Tenía 14 años, mi papá me llamó y me dijo que era hora de que
me enterara de algo muy importante, de que ellos eran mis padres adoptivos y
que mis vecinos eran mis padres biológicos. Nos abrazamos y nos pusimos a
llorar junto con mi mamá. Yo ya sospechaba algo, pero no me importaba,
solamente me dedicaba a jugar. No me interesaba que mis apellidos sean
diferentes a los de mis hermanos. En ese momento fue como una revelación, me di
cuenta de muchas cosas, aún de aquella cuando tenía nueve años y me fui a jugar
al corral de mis vecinos y por casualidad le hice una herida al que ahora era
mi hermano mayor, es que yo era muy pleitista. Fue entonces en que mi padre
biológico tomó el chicote y me marcó la espalda. En ese momento yo pensaba que
lo merecía. Al regresar a casa, yo no dije nada, algo me decía que no dijera
nada, que de todas maneras yo me merecía tremenda beteada. Me fui caminando
despacito a mi casa, mi madre apenas me miró ya sospechaba algo. Y en la tarde
justo cuando llegaba mi papá de la escuela, mi madre me dijo que la tina estaba
lista para el baño, que esta vez no quería correr para perseguirme para bañarme
y yo me saqué la camisa y me quedé en short. Fue entonces cuando mi madre lanzó
el grito y me preguntó que quién me había dejado tan lastimada la espalda. Yo solamente
me dediqué a temblar y me puse a llorar. Entonces se acercó mi papá y me
preguntó de nuevo. Yo con voz temblorosa le dije que había sido el vecino.
Nunca le había visto los ojos chispear a mi papá, con grandes trancos que
resonaron en mis oídos, fue a sacar de su hamaca al vecino y yo escuchaba como
entrecortado, es que tú no le has enseñado a respetar, y mi padre, qué respeto
ni qué respeto, esta será la última vez que le pones una mano encima a mi hijo.
Porque la próxima te la verás conmigo. Mi padre vino con las manos con sangre.
Y cuando a los 14 años, me contó que mi vecino era mi padre biológico, me di
cuenta de muchas cosas, y en vez de agradecimiento, sentí mucha cólera por todo
este engaño. Quería saber muchas cosas, por qué mi madre biológica me había
regalado. Mis padres adoptivos me dijeron que lo pensara, pero yo terco dije
que me quería ir a vivir con mis verdaderos padres. Mis papás se pusieron a
llorar. Pero ya en la casa de mi madre biológica, ella me contó que por el
tiempo en que yo nací, mis padres estaban separados y mi padre desconfió de su
paternidad, y a mi madre no le quedó mayor solución que darme en adopción con
mis apellidos de origen, a sus vecinos. No aguanté más de siete meses en mi
nueva casa. Extrañaba a mis hermanos, extrañaba a mi mamá, a mi papá, que todas
las noches se despedían con un beso de buenas noches. En las mañanas me
preguntaban cómo había dormido, cómo me iba en el colegio. Así que volví a
hablar con mi madre y me dijo que la casa estaba siempre abierta para mí, que
cuando yo quisiera podría volver. Así que ni tonto ni perezoso, me volví con
todas mis chivas a mi casa de siempre”
“Mi madre ha estado conmigo desde que era muy pequeño, siempre
tenía una caricia para mí, me recogía del suelo, me limpiaba y me llevaba a la
cama. Se preocupaba cuando me enfermaba, cuando tenía fiebre, y sobre todo, lo
más importante es que me trataba igual que a mis demás hermanos. Nunca me he
sentido diferente. Mi madre lo es todo para mi, y me gustó mucho cuando,
después que regresé a casa, mi madre me miró a los ojos, me tomo del rostro y
me miró con tanta ternura que me deshizo el corazón; suavemente, con su voz
melodiosa, me dijo: yo no te habré llevado nueve meses en mi vientre, pero
hasta ahora, hijo mío, te he llevado y te llevaré para siempre, en mi corazón…
para siempre.”
“Decidí terminar de estudiar la secundaria en Sullana y ahora
estoy estudiando en la Universidad, además estoy trabajando en las mañanas,
pero nunca me olvido de mis dos padres y de mis dos madres. Doy gracias a Dios
por haberme dado cuatro padres maravillosos y casi 24 hermanos. Estoy en
contacto con todos ellos y los quiero mucho. A veces mi madre biológica se pone
un poco melancólica, y me pide perdón, pero yo le digo que no tiene porqué
hacerlo, que la vida es así.”
“Ahora, mi gran sueño, cuando termine mi carrera, es hacer un
Orfanato, donde le podamos dar mejores oportunidades a muchos niños que no
tienen a sus padres. Ese es mi gran sueño”
Entonces yo me alejo contento de haber conocido a esta maravillosa
persona, le deseo lo mejor en la vida, y que se cumplan sus sueños.
Secretamente, le agradezco a aquella madre que sin serlo de
sangre, crió a un hombre de bien, un hombre libre y de buenas costumbres.
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