Muchas veces, en
todas las áreas del campo médico, nos bastaría con escuchar atentamente al
paciente e intervenir con la palabra adecuada en el momento adecuado.
Y en el área
específica de la Salud Mental, el uso de la palabra es fundamental. A medida
que ha transcurrido el tiempo, en distintos espacios se ha querido dar
soluciones de acuerdo a sus circunstancias, por lo tanto existen cientos de
diferentes tipos de psicoterapias.
Todas ellas tienen el
común denominador de usar la palabra, para producir cambios en los
pensamientos, sentimientos y en la conducta de las personas.
Hace varios años, un
psicólogo llamado Richard Bandler, junto al lingüista John Grinder, decidieron
averiguar qué tenía en común el éxito de los tres más grandes terapeutas de su
época. Estudiaron la técnica hipnoterapéutica de Milton Erickson, a Virginia
Satir, especialista en Terapia de Familia, y a Fritz Pearls, creador de la
Gestalt. Cada uno de estos terapeutas era muy bueno en su campo, y obtenían
excelentes resultados con sus psicoterapias.
Fue entonces que
Richard Bandler y John Grinder decidieron averiguar qué tenían en común estos
tres grandes terapeutas y, después de un paciente y prolongado trabajo se
dieron cuenta de que, lo que tenían en común, era la forma en cómo usaban la
palabra, el lenguaje verbal.
Este trabajo lo
plasmaron en su primer libro denominado: La estructura de la magia, donde dan
cuenta que lo que hacen los terapeutas es solamente el uso adecuado de las palabras.
Por ese entonces, Noam Chomsky lanzaba su teoría de la gramática generativa.
En resumen, el
aprender a desaprender el uso que le hemos estado dando a la palabra, nos
llevará a un estado saludable.
Usamos la palabra
para relacionarnos con los demás, acerca de nuestro medio ambiente que nos
rodea, mientras más fidedignos seamos, más saludables estaremos, mientras más
distorsionemos el lenguaje, más nos alejaremos de la realidad, y por lo tanto,
de nuestra salud.
Mientras
distorsionamos el lenguaje, distorsionamos la realidad. Existen varias formas
de distorsionar el lenguaje, una de ellas es la generalización, como cuando
decimos “nunca”, o “siempre”, “todos”, “nadie”. Muchas veces escuchamos decir:
“Es que todo el mundo tira basura en la calle”, a lo que solamente preguntamos
¿Todo el mundo? ¿Has llegado a conocer a todo el mundo? Otra expresión parecida
es cuando dicen: “todas las mujeres son iguales”, lo cual no es real, porque
una sola persona no podría tener el conocimiento del comportamiento de todas
las mujeres del mundo, solamente de aquellas con las cuales se ha
interrelacionado. Una expresión común es “nunca nadie me ha dado cariño, por
eso es que yo soy muy seco”.
Una segunda forma de
distorsión del lenguaje es la omisión, en la cual la persona emite una opinión
donde falta una parte de la información, por ejemplo cuando dicen: “en mi
trabajo no me hacen caso”, en esta frase falta información, y nosotros
preguntamos: “¿Quién específicamente de tu trabajo no te hace caso?”
La tercera forma de
distorsionar el lenguaje es la simplificación excesiva de lo queremos decir, o
cuando creemos leer los pensamientos de la otra persona o cuando sin preguntar,
suponemos cosas que no son reales. Por ejemplo: “Esta mañana mi jefe no me ha
saludado, eso significa que no está contento con mi trabajo”. A lo que
preguntamos: ¿Nunca te ha sucedido que has olvidado saludar a alguien?, ¿Nunca
has estado preocupado por tu familia u otros asuntos?” o simplemente, “¿Cómo
relacionas el hecho de que no te salude, creas que no está contento con tu
trabajo?”
En la práctica, la
psicoterapia adecuada consiste en escuchar atentamente al paciente e intervenir
haciendo preguntas adecuadas en el momento preciso para acompañar al paciente
en su proceso de cambio.
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