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jueves, 8 de agosto de 2013

Psicoterapia: Una palabra tuya bastará para sanarme

Muchas veces, en todas las áreas del campo médico, nos bastaría con escuchar atentamente al paciente e intervenir con la palabra adecuada en el momento adecuado.
Y en el área específica de la Salud Mental, el uso de la palabra es fundamental. A medida que ha transcurrido el tiempo, en distintos espacios se ha querido dar soluciones de acuerdo a sus circunstancias, por lo tanto existen cientos de diferentes tipos de psicoterapias.
Todas ellas tienen el común denominador de usar la palabra, para producir cambios en los pensamientos, sentimientos y en la conducta de las personas.
Hace varios años, un psicólogo llamado Richard Bandler, junto al lingüista John Grinder, decidieron averiguar qué tenía en común el éxito de los tres más grandes terapeutas de su época. Estudiaron la técnica hipnoterapéutica de Milton Erickson, a Virginia Satir, especialista en Terapia de Familia, y a Fritz Pearls, creador de la Gestalt. Cada uno de estos terapeutas era muy bueno en su campo, y obtenían excelentes resultados con sus psicoterapias.
Fue entonces que Richard Bandler y John Grinder decidieron averiguar qué tenían en común estos tres grandes terapeutas y, después de un paciente y prolongado trabajo se dieron cuenta de que, lo que tenían en común, era la forma en cómo usaban la palabra, el lenguaje verbal.
Este trabajo lo plasmaron en su primer libro denominado: La estructura de la magia, donde dan cuenta que lo que hacen los terapeutas es solamente el uso adecuado de las palabras. Por ese entonces, Noam Chomsky lanzaba su teoría de la gramática generativa.
En resumen, el aprender a desaprender el uso que le hemos estado dando a la palabra, nos llevará a un estado saludable.
Usamos la palabra para relacionarnos con los demás, acerca de nuestro medio ambiente que nos rodea, mientras más fidedignos seamos, más saludables estaremos, mientras más distorsionemos el lenguaje, más nos alejaremos de la realidad, y por lo tanto, de nuestra salud.
Mientras distorsionamos el lenguaje, distorsionamos la realidad. Existen varias formas de distorsionar el lenguaje, una de ellas es la generalización, como cuando decimos “nunca”, o “siempre”, “todos”, “nadie”. Muchas veces escuchamos decir: “Es que todo el mundo tira basura en la calle”, a lo que solamente preguntamos ¿Todo el mundo? ¿Has llegado a conocer a todo el mundo? Otra expresión parecida es cuando dicen: “todas las mujeres son iguales”, lo cual no es real, porque una sola persona no podría tener el conocimiento del comportamiento de todas las mujeres del mundo, solamente de aquellas con las cuales se ha interrelacionado. Una expresión común es “nunca nadie me ha dado cariño, por eso es que yo soy muy seco”.
Una segunda forma de distorsión del lenguaje es la omisión, en la cual la persona emite una opinión donde falta una parte de la información, por ejemplo cuando dicen: “en mi trabajo no me hacen caso”, en esta frase falta información, y nosotros preguntamos: “¿Quién específicamente de tu trabajo no te hace caso?”
La tercera forma de distorsionar el lenguaje es la simplificación excesiva de lo queremos decir, o cuando creemos leer los pensamientos de la otra persona o cuando sin preguntar, suponemos cosas que no son reales. Por ejemplo: “Esta mañana mi jefe no me ha saludado, eso significa que no está contento con mi trabajo”. A lo que preguntamos: ¿Nunca te ha sucedido que has olvidado saludar a alguien?, ¿Nunca has estado preocupado por tu familia u otros asuntos?” o simplemente, “¿Cómo relacionas el hecho de que no te salude, creas que no está contento con tu trabajo?”
En la práctica, la psicoterapia adecuada consiste en escuchar atentamente al paciente e intervenir haciendo preguntas adecuadas en el momento preciso para acompañar al paciente en su proceso de cambio.

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